Movilizaciones Estudiantiles: Reflexión Pastoral

Las manifestaciones sociales que hemos visto en el último tiempo resultan muy preocupantes. El descontento popular se expresa de manera creciente y a ratos con violencia y descontrol. Es loable como los estudiantes han tratado de hacer esfuerzos por llevar adelante sus protestas de manera pacífica y muy creativa, sin embargo, al parecer, no todos los que salen a las calle son movidos por valores altruistas.

Lo que en un comienzo sólo era atribuible al anhelo de mejorar la Educación, hoy se ha anexado a un sinnúmero de exigencias insatisfechas de la ciudadanía. Con lo cual los actores sociales aumentan tan rápido como rápido baja en las encuestas la aprobación del Presidente y su Gobierno.

¿Que reflexiones se anidan en el corazón de los hijos de Dios, en medio de estas complejas situaciones?

En primer lugar, un cristiano comprometido con su fe procurará independizarse de los legítimos planteamientos de un partido político o coalición en particular. Bajo este principio, los hijos de Dios han de buscar en la Palabra de Dios en general y en el mensaje de Cristo en particular, las orientaciones que puedan mostrar un camino de solución.

El sermón del monte pronunciado por nuestro Señor ofrece inigualables enseñanzas para aprender a vivir en una comunidad que se basa en el amor al prójimo y no en una que abusa de éste. Educar debe ser un acto de amor.

A los profesores, se les exige por una parte ser verdaderos apóstoles. Segundos padres, contenedores emocionales de unos chicos que son virtualmente abandonados a su suerte en un establecimiento educacional que a veces no tiene las instalaciones mínimas requeridas para atenderles. Se les increpa a lograr indicadores de estándar internacional, pero con recursos de un país subdesarrollado. Se les pide estar actualizados, pero no se les brindan los apoyos para lograr tal actualización.

Por ello, si la intención es hacer una reforma que mejore la educación, hay que partir con lo educadores. Al menos la experiencia de Singapur y otras naciones exitosas en lo educativo, así lo demuestra.

No les podemos pedir a los profesores que amen a nuestros hijos, si nosotros como sociedad los maltratamos en su dignidad y valoración social.

Una segunda orientación tiene que ver con la manera en la que compartimos o distribuimos las riquezas que Dios nos da. Un país mezquino no agrada a Dios. Proverbios 11:25 dice: “El alma generosa será prosperada, y el que saciare, él también será saciado”.

En este sentido, es intolerable que el sistema educacional chileno sea hoy una de las principales formas de acentuar y perpetuar la inequidad en la distribución del ingreso. Hoy una educación de calidad es privativa para un muchacho pobre, dado que el mayor peso del costo de su educación recae en su familia. De manera muy creativa un lienzo de los estudiantes de la Universidad Católica lo graficaba de esta manera: “Jesús no habría podido ser universitario; su padre era un carpintero”

El pastor que escribe este artículo coordinó durante un par de años el Programa Propedéutico de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación. Este modelo de inclusión en la universidad se basa en el principio que señala que “…los talentos están igualmente distribuidos entre ricos y pobres…” por ello, la universidad selecciona aquellos estudiantes de cuarto medio de liceos vulnerables que tienen las más altas calificaciones y les invita a estudiar 4 meses un propedéutico. Los estudiantes que cumplen con el 100% de asistencia, y que aprueban sus asignaturas, eligen una carrera de esta universidad y estudian en forma totalmente gratuita.

Varias universidades están adoptando este modelo y el anhelo de sus promotores es que esto se transforme en una política de Estado.

Hay muchas otras formas de abordar el desafío que la educación plantea en el actual escenario, sin embargo, lo que hay que partir cambiando es el corazón. Sólo alguien que se ha rendido a Jesucristo puede amar al prójimo como a sí mismo.

Por ahora, la iglesia invita a los actores a dialogar. No a negociar, porque la educación no debe ser un negocio, no a rendirse, porque la educación no es una guerra. Sino a mirar la actitud de uno que sí sabe educar, pues por algo le llamaban el Maestro.

Rev. Juan Vidal Sandoval

Rector Seminario Metodista Pentecostal

Categoría: Corporativas, Nacionales | Tags: | Escrito el Jueves 4/08/2011

Compartir: Facebook Twitter

2 Comentarios

  1. Mauricio Rocha Muñoz

    Martes 9/08/2011

    Creo que la reflexión de nuestro rector del Seminario es muy acertada y demuestra lo que debe experimentar la educación, en un país que muchas veces se jacta de su estabilidad y crecimiento económico, pero que se ha estancado dramaticamente en su culturización e igualdad de oportunidades para todos sus hijos. El Evangelio nos enseña, contrario a otros sistemas humanos, que debemos dar para recibir, que lo mío también es del otro. El Señor permita que por el bien de esta amada nación, todo este conflicto desemboque en lo que todos esperamos: un cambio de verdad en la educación de Chile.

Trackbacks

  1. Rafaela « Eugenio Rivera

Deja un Comentario