Ha descansado en el Señor el Hermano Eleuterio Bahamondez Barria

A sus 79 años de edad, ha descansado en el Señor el Hermano Eleuterio Bahamondez Barria. Destacado Oficial Diácono de la Iglesia Metodista Pentecostal de La Cisterna. El Hermano Eleuterio tenía una hermosa relación filial con nuestros amados Pastores Carlos Samuel Campos y Tabita Cid, de IMP El Alfarero La Cisterna.

 

Nuestro amado Obispo Presidente Mario Salfate Chacana, nuestra amada Diaconisa Mariana Sandoval Arlegui y el Honorable Directorio de nuestra Corporación expresan sus condolentes expresiones de saludo y afecto fraternal a la familia del hermano Bahamondez, congregación y en especial a nuestros Pastores Carlos y Tabita.

 

Que el formidable consuelo de Cristo inunde a cada persona afectada por Éxodo de nuestro hermano Eleuterio Bahamondez Barria, a la Gloria del Señor.

 

Compartimos también una emotiva semblanza del Hermano Eleuterio, compuesta por el Pastor Carlos Samuel Campos:

Abba Padre.

Abba Padre; esta fue la expresión dicha por Jesús en sus últimos momentos. Este término tiene relación con una expresión de máxima intimidad entre Jesús y su Padre. Hoy alrededor de la seis horas con cuarenta minutos de la mañana, el Señor llamó a su presencia a Eleuterio Bahamondez Barría, quién fue el padre que me adoptó. Hace más de 10 años en el mismo año murieron mi padre Miguel Campos Pérez y mi suegro Laureano Cid Cid. Por lo mismo quedamos con mi amada esposa Tabita sin nuestros padres y por ende mis hijos sin sus abuelos. No fue fácil pero Dios tenía a alguien maravilloso que llenaría ese vacío.

A quien me refiero; Eleuterio Bahamondez Barría fue oriundo de Puerto Montt. No tuvo una vida fácil. Más bien de mucho sufrimiento y soledad. El perteneció a una familia muy numerosa de más de 10 hijos, como era común en esos años en nuestro país. Los muchos hijos también contrajo pobreza y mucha necesidad. En su desesperación y viendo que los pocos recursos no eran suficientes para sostener el hogar alguno de los hijos fueron enviados a una nueva familia, un tío, hermano del papá Eleuterio, este se ofreció para criar a estos pequeños. Pasó el tiempo y “el negrito” como lo apodaron al papá, no se portaba muy bien por tanto iban a devolverlo al hogar de sus padres. Esto al escucharlo él; el negrito, no le gusto y en la misma noche sin que nadie se diera cuenta se arrancó del hogar de su tío. De ahí en adelante su hogar fue la plaza, un buen árbol o cualquier cosa que lo refugiara del clima. Recuérdese que vivía en Puerto Montt “en donde la lluvia se hace canción”. Vivió así hasta como los 14 años cuando una mujer lo llevó a su casa y le dio abrigo. Ella le enseñó modales y educación. Luego vendría el servicio militar que le enseñaría disciplina y responsabilidad, algo que el papa no tenía mucha. En ese mismo tiempo escuchó la voz del evangelio y el Señor lo llamo y lo hizo su hijo. Fue a través de la predicación a la calle que un hermano predicando lo individualiza y le dice que Dios le necesitaba. Fue tan potente el mensaje que no tuvo otra salida que aceptar el llamado de Dios.

Luego el papá se vino a Santiago y al estar aún soltero y no teniendo a nadie en la capital, el hogar de nuestros padres fue su hogar. El pasaba a la hora de la tarde por nuestra casa para lavarse, cambiarse ropa e irse a la predicación y luego el culto. Fue así como se produjo una interacción entre nuestra casa y el papá Bahamondez. A él le gustaban las galletas de vino pero con mantequilla. Eso era algo imperdible en nuestro hogar. Fue tanto la intimidad entre mi familia y mi padre adoptivo Eleuterio que mi misma abuela fue quien lo entregó en el altar. No teniendo padres mi abuela Ana Delia Pérez Baeza, lo entrego a su única y gran amor Ilia Navarrete Bustamante. Fue guía del local en donde me crié con mi familia; “Lagos de Chile”. Ahí nuestros lazos de amistad y amor se entrelazaron mucho más. Fue El quien fue el testigo en el civil de mi amada esposa la pastora Tabita Cid en su matrimonio.

Cuando el Señor me llamó al pastorado fue este hombre de Dios quien nos bendigo. En mis dudas e incertidumbres cuando estaba decidiendo si tomar el ministerio o no, fui a consultarle. Nos recibió con mi esposita como siempre; con una tacita de té. Al contarle de nuestra decisión nos abrazó, lloramos juntos y oró por nosotros y nos bendijo, aprobando nuestro ministerio. Pero no quedo ahí, sino que no teniendo a nadie para que me ayudara a levantar en templo fue el papá que nos levantó el templo en donde hoy nos refugiamos. Esto fue otra marca que nos dejó ya que cuando estábamos construyendo el templo, él nunca estuvo conforme con la que se le cancelaba, diciendo siempre que yo le pagaba mucho y que debía bajarle el sueldo.

Así estuvimos por casi un mes, hasta que se terminó el dinero y El voluntariamente ofrendó diez días de trabajo gratis, solo por amor. Sin dejar de decir que también fue él quien le levantó un dormitorio para mi nieto Esteban.

El templo que él levantó fue toda la caparazón exterior. Ya en otra oportunidad nos levantató los baños. Pero un día venían los pastores en su visita del sector a nuestro templo. Queríamos poner cerámica, pero quién la ponía. No había que buscar demasiado, otra vez, el papa, nos ofreció su ayuda. En esta ocasión fue algo digno de resaltar porque empezamos un lunes y terminamos un jueves a las 4 de la madrugada. Lo fui a dejar a su casa a esa hora, pero en mi interior yo pensaba quién me va ayudar a fraguar, ya que aún no se fraguaba. El al cerrar la puerta me dice; “mañana a las 8 aquí que hay que ir a fraguar”. Eran las 4 y me pedía que estuviera a las 8. Eran apenas 4 horas de diferencia y había que ir a bañarse, acostarse, dormir y estar en su casa en 4 horas más.

Cuando comencé este escrito aludí a las palabras de Jesús “abba Padre” un término muy íntimo del Señor con su Padre. Creo que esa intimidad y cercanía la viví con Eleuterio Bahamondez Barría. Alguien que goce la intimidad de Padre a hijo.

P.D. Un día lo acompañé a trabajar en una empresa de su sobrino Isaac. Apareció ahí un ejecutivo de la empresa que lo conocía a El y su familia. El papá lo saludo afectuosamente y me presentó como su hijo. Al ejecutivo le pareció extraño que me tratara como si hijo, ya que el papá tuvo solo hijas; tres hijas; Eunice, Priscila y Marta. Pero el muy enérgico, como se le caracterizaba se dirige a mí y me dice “bueno, yo soy su papa y usted es mi hijo, sí o no”. La verdad que este episodio me dio a entender que yo tenía un padre de verdad, que no era solo un concepto o idea sino algo real. Por eso dijo con propiedad Abba padre, una verdadera intimidad con El.

Gracias a todos y bendiciones.

Categoría: Corporativas, General, Locales, Nacionales | Tags: | Escrito el domingo 29/07/2018

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